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Alajuelense pagó 150 mil dólares por el hombre que les amargó la fiesta

Cartaginés empató con Alajuelense en el Morera y habrá gran final

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¡Qué vueltas da la vida! Marcel Hernández, ese cubano por el que la Liga pagó 150 mil dólares en enero del 2021 y que sacaron del equipo por la puerta de atrás, silenció la Catedral al marcar el 1-1 al minuto 85 y aguó la fiesta del equipo dueño de su ficha.

Cartaginés festejó con todo, con Adal Ramones en el palco, con Marcel quitándose la camiseta y desafiando a la que fue su afición. Queda claro que el goleador brumoso no se pondrá nunca más la rojinegra.

Les dijo en la cara a los rojinegros, “dos más, dos más”, indicando que se deben jugar dos partidos para definir al campeón del torneo de Clausura. Y celebró con rabia, como protestando, “¿por qué me dejaron ir?”.

Dijo que no fue una revancha para él, pero, sin duda, su festejo marcará a las aficiones rojinegra y brumosa, en esta última para la que pasará de héroe a leyenda.

Marcel se anticipó en un centro de Michael Barrantes, de tiro libre, apenas rozó el balón, lo suficiente para descolocar al portero alajuelense Leonel Moreira y silenciar a 15 mil aficionados a los que se le atragantó la 31. ¿Será la 30 otro fantasma?

El plan de Géiner fue perfecto. Sostener el 0-0 lo más que se pudiera y buscar el gol al final. Claro, debió adelantar la estrategia, obligado por el gol de Carlos Mora, al 69, luego de una palomita ante un centro de Bryan Ruiz y que le estaba dando el título a los manudos.

Géiner hizo cambios, movió el banquillo, fue agresivo y Cartago, que no había atacado mucho, pero que se había comportado a la altura, sacó el colmillo de hombres de mucha espuela, como Marcel, Barrantes, y Kevin Briceño. Cartago vive y está vez va en serio.

Los brumosos obligaron a la gran final in extremis, como muchos imaginaron el partido, silenciando la Catedral y haciendo que esa 31 empiece a parecerse a la 30 rojinegra, un verdadero suplicio.

El marco no podía ser mejor. El ambiente en el estadio era majestuoso, impresionante, espectacular, digno de una final, Los rojinegros colapsaron Alajuela, la pista, Río Segundo, hasta La Uruca con puras banderas, cánticos y efervescencia en espera de la 31.

Ese ambiente de fiesta, que solo la selección nacional o uno de los equipos grandes pueden generar, se trasladó al Alejandro Morera Soto, que lucía un lleno total, excepto el bloque donde debía estar la afición brumosa, a la que no le permitieron ingresar y ser partícipes de la fiesta. Cartaginés protestó.

Con Adal Ramones en el palco, como un brumoso más, vestido como cartaginés, el equipo de la Vieja Metrópoli no se dejó impresionar. Llegaron a la cancha como un lobo con piel de oveja, con hombres curtidos, que han ganado títulos y realmente no se dejaron impresionar por la fiesta rojinegra.

Géiner tuvo que rearmar su defensa para este partido, obligado por las lesiones de William Quirós y de Mauricio Montero y el partido que aún le quedaba a José Gabriel Vargas. Pero en Cartaginés hay sed de historia y los sustitutos hicieron olvidar a los ausentes.

Cartago se apegó al plan. Esperar al rival y buscar la contra, aunque por lapsos tuvieron la pecosa y la pasearon de aquí para allá.

La Liga tuvo muchas opciones, Aarón Suárez con un remate raso que sacó de gran forma Kevin Briceño; Góndola con un cabezazo luego de una mala salida del portero brumoso y que sacó en la línea Carlos Barahona, ambas acciones en el primer tiempo.

Briceño se vistió de héroe y sacó un tiro libre que iba para adentro en la segunda parte.

Luego cayó el gol manudo, la única que no pudo sacar Briceño, lo intentó, pero el cabezazo de Mora pegó en el horizontal y rebotó en el portero, la Unafut lo notificó como autogol.

Parecía que la fiesta estaba servida, pero Géiner se jugó la vida, metió a Ronaldo Araya, Byron Bonilla y Paolo Jiménez y la jugada le salió, cayó el gol y Marcel se volvió loco en la celebración.

La fiesta del fútbol sigue, en Cartago se vive una locura y la ilusión crece más que nunca, mientras que en Alajuelense volvieron los fantasmas.

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