El Novelón

Accidente de tránsito frustró reencuentro de madre e hija que tenían 7 años sin abrazarse

Una joven madre de 26 años, vecina de Pérez Zeledón, murió junto a sus dos hijos menores, su suegra y otro allegado en Perú

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Andrea Mora Méndez y su mamá, Rosibel Méndez, eran muy unidas pese a estar a miles de kilómetros de distancia, no había día que no hablaran por teléfono y contaban los días para volverse a abrazar, pero por culpa de un accidente de tránsito esto nunca ocurrió.

La tecnología era lo que les permitía sentirse cerca, pues Andrea salió de Pérez Zeledón a los 18 años, en el 2006, para irse a vivir a Perú; mientras su mamá se quedó en Mollejones de Platanares de Pérez Zeledón.

La última vez que se vieron frente a frente fue en el 2008 cuando doña Rosibel la fue a visitar, pasaron casi siete años para que Andrea planeara viajar a Costa Rica para volver a sentir un abrazo de su mamá, quien además pensaba consentirla con sus comidas favoritas.

El viaje sería en diciembre del 2015 para pasar las fechas festivas con sus seres queridos en suelo tico, la ilusión crecía entre ellas; sin embargo, el esperado reencuentro nunca se dio.

Andrea no pudo volver a ver a su mamá y fue doña Rosibel la que tuvo que viajar hasta Perú para ver a su hija, pero desafortunadamente lo hizo a través de un ataúd.

La joven murió en un accidente de tránsito el lunes 9 de febrero del 2015 cuando viajaba en un carro de Trujillo hacia Chepén y fueron chocados de frente por otro vehículo que en apariencia iba rayando un tráiler.

En la fatalidad, además de Andrea, murieron los niños Jafet y Kiomara Correa Mora, de 4 años y 1 año respectivamente, ellos eran los dos hijos menores de Andrea, ambos chiquitos nacieron en Perú y doña Rosibel soñaba con conocer a sus nietos más pequeños.

También falleció la suegra de la costarricense, María Banda, de 53 años, y un sobrino de doña María, Sergio Arturo Gil Salvatierra, de 54 años, en total murieron cinco personas.

Solo sobrevivieron Carlos Héctor Correa Banda, de 48 años y Adrián Lorent Correa Mora, de 9 años; el esposo y el hijo mayor de Andrea.

Adrián Lorent nació en Costa Rica, pero desde que tenía un añito se lo llevaron para la tierra de su papá al sur del continente.

Mala noticia llegó por messenger

“Nosotras siempre hablábamos por teléfono, ella terminó el colegio en Perú y me contaba cuando iba a clases, soñaba con ser enfermera o chef, pero para ese momento estaba dedicada a ver a sus hijos crecer, la última vez que hablamos fue el viernes en la tarde antes del accidente, me llamó y estaba muy contenta, me dijo que irían de paseo a un lugar que se llama Trujillo, que esos días no hablaríamos como normalmente lo hacíamos.

“Me dijo, ‘mami, estoy planchando la ropa del bebé porque ya nos vamos y en esa zona no hay mucha señal, cuando regreso la llamo y le cuento cómo estuvo todo’; sin embargo, el lunes murió, el paseo aún no lo habían terminado”, recordó esta valiente mamá.

Doña Rosibel dijo que su hija también le mencionó que entre esos días irían a visitar a unos familiares del esposo. Según informaron las autoridades, al momento del accidente, la familia tica-peruana iba de Trujillo con destino a Chepén, mientras que el carro contra el que chocaron lo hacía con destino a Lima.

“A mí casi me da un infarto cuando me llegó un mensaje por messenger de un señor que me decía que mi hija y los bebés fallecieron en un accidente, fue difícil saber que estábamos muy largo, lo recuerdo como si fuera reciente, yo regresaba de ir a dejar a mi hija menor a la escuela cuando vi el mensaje”, recordó la mamá.

Recuerda que sus vecinos se organizaron para reunir plata y que ella pudiera viajar para despedirla.

A los fallecidos los llevaron a la morgue de Ascope, mientras esperaban que todos los familiares llegaban a despedirlos.

“No era la manera en la que quería volver a verla, fue sepultada junto con los demás el jueves 12 de febrero en un cementerio de Lima, no me arrepiento de haber tenido que sepultarla en otro país, sino de haber dejado que se fuera a vivir tan largo de nosotros, le rogué para que no se fuera del país, pero ya estaba grande y decidió irse”, expresó doña Rosibel.

El hijo mayor de Andrea estuvo internado en el Hospital Salud de Chocope tres semanas, durante los primeros días no le dijeron que se le murió la mamá, los dos hermanitos, la abuela paterna y un primo segundo.

“Él nos preguntaba que si habíamos visto a la mamá y le decíamos que habíamos preferido verlo a él primero, pero es que se nos partía el corazón el tener que afrontar la realidad, luego él la supo y ha tenido que ser un valiente muchacho, actualmente está en décimo del colegio y aunque no nos hemos vuelto a ver nos seguimos comunicando por internet”, contó la abuelita.

Como Andrea se fue tan jovencita son muy pocos los recuerdos que guarda su mamá, pero sigue vive en su memoria.

“De ella solo mantengo unas fotos y todos los momentos en mi mente de la muchacha noble, humilde y excelente mamá que fue, tenía muchos sueños, pero su vida fue corta con nosotros y es algo que nos sigue doliendo”.

Tragedia en media carretera

La tragedia ocurrió a las 7:50 de la mañana del lunes 9 de febrero, en el kilómetro 643 de la carretera Panamericana Norte, en el lugar conocido como Coscomba, de la región La Libertad.

La tica junto a su familia viajaban en un Toyota Corolla y fueron chocados por un Kia Cerato, el cual, en apariencia, lo manejaba un suboficial de la Policía Nacional del Perú (PNP) de nombre Jorge Antonio Campos Huamán, de 28 años; aunque los testigos mencionaban que quien llevaba el volante era un adolescente de 16 años.

Carlos Héctor, esposo de la tica, solo sufrió cortadas en la cara y en el brazo derecho, él aseguró que nunca perdió la consciencia en el momento del accidente, de ahí que sabe exactamente lo que ocurrió.

“Mi familiar trató de esquivarlo, pero ya no pudo hacer nada... Además otra prueba es la huella de frenado que quedó en el carril nuestro”, le expresó al diario Correo de Perú.

La Fiscalía Provincial Mixta de Paiján, Perú, ordenó detener al uniformado al día siguiente de la fatalidad y al momento de los funerales le impusieron nueve meses de prisión preventiva en el centro penitenciario El Milagro; no obstante, al final la mamá de Andrea no supo en qué terminó la investigación.

“Lo último que supe hace unos años es que seguían luchando por una indemnización, no obstante yo no me metí en eso porque ningún dinero devolvería a mi hija y mis nietos. Además, ella tenía una vida formada en otro país y solo espero que mi nieto mayor tenga la calidad de vida y cariño que mi hija le daba a él”, manifestó la mamá.

Los medios de comunicación peruanos no le dieron seguimiento al caso judicial y es muy poca la información que hay sobre el tema.

Luchas y esperanza

Doña Rosibel intentó seguir con su vida en Pérez Zeledón, pero la muerte de su hija no ha sido el único trago amargo que ha debido soportar, pues enfrentó al cáncer de seno luego de la pérdida de sus seres queridos.

“Tuve cáncer de seno, se supone que ya me dieron de alta, aunque sigo en control porque es una enfermedad de muchos cuidados, se me desarrolló luego de la muerte de mi hija, pero debía seguir siendo fuerte por mis otros hijos”, señaló.

Ella tiene la esperanza de reencontrarse de nuevo con su nieto mayor, de quien vive orgullosa por ser parte de su hija.

“Él está en cuarto del colegio, siempre estamos en comunicación y me dice que tiene la ilusión de conocer Costa Rica porque aunque nació aquí se lo llevaron muy pequeño y nunca lo han traído, sé que es un muchacho de bien, como lo fue mi hija, solo espero que él pueda cumplir todo lo que se proponga y que tenga una vida plena y que llegue el día de volvernos a ver”, concluyó esta madre-abuelita que dejó parte de su corazón en Perú.

Carlos y Andrea se conocieron en Pérez Zeledón, luego de que él intentara llegar a Estados Unidos, supuestamente al llegar a Costa Rica le dijeron que un “coyote” (personas que llevan de manera ilegal gente a EE. UU.) lo podría ayudar, pero al llegar a San Isidro del General conoció a Andrea y se enamoraron.

Ellos se casaron en el 2006 y en el 2007 ya estaban viviendo en Perú junto al primer hijo.

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