El Novelón

Bailarín tico se despidió de su familia antes de convertirse en rescatista “topo” tras terremoto en México

César Alvarado estuvo 22 días colaborando como rescatista después de los estragos causados por el terremoto de Puebla del 19 de setiembre del 2017

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César Alvarado, costarricense que participo en rescates tras terremoto en México de 2017. Foto tomada de Revista Digital Expansión.

Antes de adentrarse en un estrecho túnel para buscar sobrevivientes en un colegio derrumbado por el terremoto ocurrido en Puebla, México, en el 2017, el bailarín costarricense César Alvarado llamó a su familia para despedirse porque no sabía si iba a salir con vida de aquel lugar.

“Hice una llamada grupal con mi mamá y mis hermanas, literalmente fue una despedida. Les dije lo que iba a pasar y lo que estaba dispuesto a hacer; ellas me llenaron de valentía y fuerzas, dijeron que me conocían y que si eso era lo que mi corazón quería, ellas me apoyaban”, recordó el costarricense.

Alvarado, quien es conocido en el mundo artístico como “César i Nada”, sobrevivió a la difícil experiencia, la cual le cambió la vida para siempre ya que durante 22 días dejó los escenarios para convertirse en un rescatista “topo”.

Casi cinco años han pasado desde el terremoto de magnitud 7.1 que cobró la vida de 370 personas el 19 de setiembre del 2017; sin embargo, los recuerdos de la tragedia siguen muy frescos en la memoria de César, quien visita México a menudo por su trabajo como coreógrafo profesional.

“Haber vivido lo que ellos pasaron fue una conexión de empatía. Tengo ese sentimiento vivo en la memoria, imágenes que tuve que tratar de apaciguar por mi cuenta porque eran muy trágicas, me dificultaban conciliar el sueño”.


—  "Nosotros aquí tenemos temblores, pero es que lo que pasó en México fue otra magnitud", dijo César Alvarado.

Trabajo lo llevó al lugar de la tragedia

La conversión de César i Nada en rescatista topo (especialistas que entran a edificios colapsados para rescatar sobrevivientes) sucedió el mismo día del terremoto porque él había llegado a México para impartir unos talleres en el estado de Guanajuato, al cual tenía planeado viajar días después.

César Alvarado, costarricense que participo en rescates tras terremoto en México de 2017. Foto Cortesía César Alvarado.

El terremoto lo sorprendió hospedado en el cuarto piso de un edificio de la Colonia Del Valle, en Ciudad de México.

“Salí y empecé a caminar, a doscientos metros me encontré un escenario que parecía sacado de una película apocalíptica. Tenía tres edificios colapsados ante mi mirada y ahí empezó todo, una hora después ya estaba ahí metido entre los escombros, ayudando”.

Sin que nadie le dijera, únicamente motivado por el deseo de servir, César empezó a quitar escombros y piedras en busca de personas heridas y en cuestión de minutos hizo su primer rescate.

“Recuerdo que sacamos a un muchacho que venía herido de la cabeza, pero que afortunadamente iba estable. Fue ahí cuando vi la importancia de permanecer en el sitio”.

Ese día el bailarín trabajó hasta las 9 de la noche, se detuvo porque sufrió una caída y se golpeó una mano, por lo que fue llevado a la casa de una bailarina mexicana para que descansara.

Misión topo

Estando en la casa de su colega, César se enteró de que un grupo de artistas de circo iban a participar como voluntarios para ayudar a los rescatistas; él no se quedó atrás y viajó con el grupo hasta la zona de Coapa.

“Eso fue como en el segundo día, ahí llegamos al Colegio Enrique Rebsámen, una escuela derrumbada donde murieron diecinueve niños y siete adultos.

“Yo escuché a un socorrista diciéndoles a otro que habían logrado abrir un túnel hasta un determinado acceso dentro del edificio, pero que el espacio era muy pequeño y que por ahí no pasaban los socorristas”, detalló.

César no lo pensó dos veces y pese a no tener ninguna experiencia en rescate, se acercó a los socorristas y les dijo que él se ofrecía para entrar al túnel.

“Le dije que estaba dispuesto a entrar, que yo medía 1,65 metros y que era de contextura atlética y delgado por mi trabajo en danza.

“Me preguntó varias veces si estaba seguro de lo que estaba diciendo, porque yo podía entrar pero talvez no salir, que tal vez el próximo a rescatar podría ser yo”.

El tico no dudó.

Ardua labor

Antes de ingresar al túnel a César le pidieron escribir su nombre, edad y tipo de sangre en uno de sus brazos por si algo le pasaba. Luego de eso realizó la llamada a su familia para despedirse.

“La operación ahí fue bien compleja porque el espacio por el que iba pasando era el que yo mismo me abría, cada veinte minutos nos sacaban para hacernos un chequeo”.

César Alvarado, costarricense que participo en rescates tras terremoto en México de 2017. Foto tomada de Revista Digital Expansión.

Luego de excavar en el túnel por más de cuatro horas, César recibió la mala noticia de que había orden militar para frenar las labores, señalando que habían pasado muchas horas sin que tuvieran éxito.

Eso lo llenó de frustración, asegura que de haber pasado más tiempo ahí es posible que hubieran rescatado a alguien vivo.

El trabajo de topo no terminó ahí para Alvarado, pues durante 22 días estuvo ofreciendo ayuda en los lugares más afectados por el terremoto, por ejemplo, en un multifamiliar de Tlalpan, donde rescataron a 18 personas y recuperaron nueve cuerpos.

“La imagen del primer muchacho que sacamos es la más fuerte que tengo, porque fue el primer encuentro que tuve con otro ser humano que estaba en esas condiciones de urgencia”.

Cambio de chip

Luego de esos 22 días como topo, César regresó a su trabajo como coreógrafo profesional y viajó a Guanajuato para dar el taller, pero volver a su antigua vida fue más difícil de lo que imaginaba.

“Encontrarme con gente que no venía de estar viviendo esa situación fue algo complejo, recuerdo que llegué y había gente sonriendo, entonces para mí fue como un choque. Tuve que tomarme una semana para asimilar todo lo que había vivido, porque allá de donde venía no había una felicidad latente, solo caras largas”.

Abandonar México también fue una experiencia muy dura, ya que pese a ser extranjero, él sentía el mismo dolor que los mexicanos.

Abordó el avión hacia Costa Rica teniendo en mente que la vida sigue adelante, por lo que él y todo México se iban a reponer de ese trágico socollón.


—  “Hasta que llegué a Guanajuato y me encontré con gente que sonreía fue cuando me di cuenta de dónde venía”, dijo César Alvarado.

Café lo reconforta

Después del terrible terremoto César ha visitado México en tres ocasiones, la primera fue en el 2018 y recuerda que tuvo muchos sentimientos encontrados.

Por cosas del destino, participó aquel año en el simulacro que se realiza en México desde el terremoto de 1985, el cual también ocurrió un 19 de setiembre y dejó como saldo más de 3 mil fallecidos.

“Recuerdo estar en una soda cuando sonaron las alarmas sísmicas, me levanté de la mesa y salí, aunque todos sabíamos que era un simulacro a mí se me vino a la memoria todo lo que había pasado un año atrás y regresó ese sentimiento de pérdida, es como ser cómplice de un luto”.

Pocos minutos después César regresó a su mesa y el mesero le ofreció un café, pero Alvarado lo rechazó, pues dejó de tomar café desde los 14 años; sin embargo, segundos después se arrepintió porque recordó algo muy especial.

“Se me activó un recuerdo porque los días que estuve metido en esos edificios solo salía para tomar un descanso y nos daban una merienda a la orilla de los edificios colapsados, entre las cosas que repartían estaba el café y recuerdo que yo lo aceptaba porque además de calmar los nervios me conectaba con cosas de Costa Rica.

“Lo interesante aquí es que esa bebida lo que me trajo fue paz, entonces actualmente bebo una tacita de café cada vez que tengo el gusto porque a mí más bien me ha regalado momentos de tranquilidad, conecto con ese momento y esta bebida me trae un confort, me apacigua”, contó.

Mucha admiración

César Alvarado, costarricense que participo en rescates tras terremoto en México de 2017. Foto Cortesía César Alvarado.

Al preguntarle a César si sentía satisfacción por aportar un granito de arena en medio de la tragedia que vivió México en 2017, dijo que más bien regresó del país del norte con un sentimiento de admiración hacia el trabajo que hacen los cuerpos de emergencia.

“La satisfacción es un sentimiento muy grande, y yo siento que era tanto lo que había que hacer que lo mío fue un aporte muy pequeñito, de ahí destaco el valor que tiene esa gente que se movió y que tiene ese estilo de vida como rescatistas, es realmente admirable.

“Es darse cuenta en carne propia lo heroico de estas disciplinas, que hacen labores de amor. Yo así lo veo, porque no encuentro otra razón por la que ellos expongan su propia vida para rescatar a un desconocido”, mencionó.

César contó que dentro de dos semanas volverá a México, esta vez para impartir el taller internacional “Loop it all” para la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en Ciudad de México.

Además, en abril estará de gira por tres estados mexicanos con su coreografía “Río Chac”, con elenco femenino mexicano y que viene desarrollando desde agosto del año pasado.

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