El Novelón

Chofer de cisterna cuenta escape milagroso del incendio en el que murieron dos personas

Más de once años después, don Fernando le describió a La Teja segundo a segundo cómo escapó de la muerte

Don Fernando Herra chocó su camión cisterna contra la carreta de un tráiler, su pierna izquierda quedó prensada y atrás tenía 24 mil litros de diésel que ya habían prendido fuego, todo esto en medio de un puente al que nadie podía entrar a socorrerlo porque ardía en llamas y por más increíble que parezca salió prácticamente ileso y por sus propios medios.

Ni al mejor director de cine se le puede ocurrir una escena cargada de tanta acción y dramatismo, es más, si yo no escuchara esta historia de la propia boca del protagonista y tuviera recortes de periódico que comprueban que esto ocurrió no le creería ni media palabra.

El trágico accidente ocurrió el 1 de febrero del 2010 a las 2:25 de la tarde en el puente sobre el río Lagarto, en Puntarenas, y lamentablemente en este hecho fallecieron René Umaña Rojas, de 57 años, y Ronny Aguilar, de 18, quienes viajaban en el tráiler con el que chocó Herra.

Más de once años después, don Fernando le describió a La Teja segundo a segundo cómo escapó de la muerte, según todo lo que narra parece que pasó más de una hora, pero todo ocurrió en menos de cinco minutos.

“Yo venía de Recope, en Barranca, cargado porque iba a para la gasolinera Cañas. El problema del puente es que tenía un hueco en el puro centro y los carros tenían que parar o invadir el otro carril para esquivarlo, entonces yo me quedé esperando a ver qué hacía.

“Cuando veo que paró, entré al puente y de pronto solo me topé con aquel chunchón que venía directo hacía mí” recordó don Fernando.

El carrito era un Daihatsu Terios alquilado por Herbert Schoeppe y su esposa Christine Lynn Schoeppe, vecinos de Dakota del Norte, Estados Unidos, quienes claramente no sabían del hueco en el puente y al topárselo frenaron de golpe, el camión que venía atrás intentó detenerse, pero al hacerlo la carreta del furgón se pasó de carril y chocó contra el cisterna de don Fernando.

“Yo lo único que hice fue orillar el camión lo más que pude y esperar el golpe porque no había nada más que hacer”, aseguró don Fernando.

El impacto generó chispas que incendiaron el combustible del cisterna. Testigos dijeron que hubo pequeñas explosiones y luego el cisterna -- por el calor-- se abrió por la parte de arriba.

Quienes llegaron al lugar vieron salir del tráiler a Ronny Aguilar sin ropa y con quemaduras en todo su cuerpo, él falleció al día siguiente en el hospital San Juan de Dios.

Mientras que René Umaña, conductor del tráiler, falleció quemado sobre el puente. Su cuerpo fue encontrado hasta que los bomberos lograron apagar el fuego, casi dos horas después del choque.

La pareja norteamericana salió ilesa.

Salió vivo del infierno

Producto del choque la pierna izquierda de don Fernando quedó prensada entre las latas y a su espalda ya ardía el combustible que transportaba.

“Yo me tiré hacia el lado del pasajero, pero el pie me quedó prensado y ya el fuego me estaba quemando el pie porque las llamas salían de abajo.

“No podía salir y lo peor es que ya estaba cansando de hacer fuerza para sacar el pie y el humo me estaba asfixiando, la garganta la tenía seca, no podía tragar”.

“Cuando ya no tenía más fuerza pensé, ‘o se queda el pie o me voy yo’, a como pude me agarré del asiento del pasajero y lo despejé, el zapato quedó prensado, pero el pie salió, yo no quise volver a ver porque pensé que me lo había arrancado”, confesó este vecino de Río Naranjo de Bagaces.

Pero en ese momento, la travesía por huir del fuego apenas empezaba.

“Bueno, ya me despegué, voy a ver por dónde salgo porque el camión estaba pegado contra la baranda del puente, entonces no podía abrir la puerta y del lado del chofer estaban las llamas altísimas, entonces me tiré por la ventana del pasajero.

“Pero no fue tan fácil, porque cuando saqué medio cuerpo por la ventana las llamas no me dejaban, me iba a quemar, las llamas salían por debajo del camión y eran altísimas, el camión estaba rodeado del fuego.

“Entonces me fui agarrando del marco de la puerta y así pude salir, pero claro, la piel de las manos se quedó en el marco porque estaba calientísimo porque eran de aluminio, era como agarrar una olla hirviendo, pero en ese momento no me importaba quemarme, yo solo quería salir”.

Ya afuera del camión, don Fernando no tenía cómo salir del puente porque estaba rodeado por el fuego, otra vez que quedó encerrado, esta vez en el centro del puente.

“¿Y ahora qué hago? ¿Por dónde salgo”, se preguntó.

Fue en ese momento en el que don Fernando asegura que ocurrió un milagro.

“Yo decía, ‘tengo que dar un paso firme, la decisión que tome tiene que ser definitiva, no me puedo equivocar’. Entonces le pedí a Dios que me ayude y se vino como un viento, pero viera que tremendo, todavía me agarra cosa cuando recuerdo eso.

“Fue un viento frío que a pesar del calor que sentía en ese momento sentí mucho frío, el viento me quitó las llamas, yo no vi más fuego en ese momento y volví a ver y vi que había un tubo que pasaba debajo del puente, era grueso, pero no tanto”.

Don Fernando, que para ese entonces tenía 54 años, decidió brincar a ese tubo y tratar de salir gateando sobre él.

“Era como un tubo de acueducto que atravesaba el puente de lado a lado. Me agarré de las barandas del puente y los pies no me llegaban al tubo, pero ya no tenía otra opción porque quedé guindando y no podía subir porque no tenía fuerzas, entonces me solté y caí parado en el tubo”.

Este chofer asegura que todavía no se explica cómo cayó sobre el tubo y caminó sobre él.

“Todavía no sé cómo hice, la gente me pregunta cómo hice para irme sobre el tubo y salir del otro lado del puente, iba sobre el tubo a puro equilibrio y solo apoyado en un pie, eso es algo que jamás haría bueno, todavía no me puedo explicar cómo lo hice, me lo pregunto todos los días, no le puedo decir si lo atravesé caminando o gateando”.

Según su relato, don Fernando caminó sobre el tubo unos 20 metros y llegó al final del puente, pero todavía le quedaba un último obstáculo.

“Al llegar al final del puente lo que había era un paredón de tierra lleno de maleza, a como pude me agarré de las ramas con las manos quemadas y logré subir a la calle”.

Nadie le creía

Ya en un extremo del puente don Fernando se desplomó porque ya no tenía fuerzas para nada, al volver a ver para pedir ayuda la persona que había más cerca estaba a unos cien metros.

“Ya en ese momento me dí cuenta que sí tenía el pie, pero ya no me pude parar más. Hasta ahí empecé a sentir dolor en el pie.

“Vi a un muchacho y lo empecé a llamar, él se vino y me preguntó, ‘¿qué está haciendo usted aquí? No ve cómo están esos camiones’.

“Entonces le digo, ‘ayúdeme, yo soy el chofer de ese camión, yo vengo de ahí’. El muchacho no lo podía creer, pero me dio la mano y me llevó dónde los de la Cruz Roja”.

A don Fernando lo trasladaron a la clínica de Chomes.

“Ya en la clínica de Chomes me limpiaron porque estaba todo lleno de vidrios y pedacitos de aluminio del camión, de ahí me llevaron al hospital de Puntarenas”.

Por más increíble que parezca, la única lesión de consideración que sufrió fue la fractura del tobillo izquierdo y quemaduras en sus manos y piernas, pero a los cinco meses ya estaba trabajando de nuevo.

Vivir al máximo

Don Fernando tiene clarísimo que él es un milagro y confesó que el enterarse que dos personas murieron en el accidente lo afectó mucho.

“Eso fue lo más horrible porque le queda muy grabado a uno, pienso en los papás, más que a la familia del muchachito yo la conozco, el papá tiene un camión”, contó.

A sus 65 años sigue manejando un camión cisterna, trabaja para la Gasolinera Cañas, por lo que todos los días pasa por el puente en el que se enfrentó a la muerte.

“Paso hasta cuatro veces al día por el puente y aún siento muy feo, más cuando veo que viene un camión, de hecho cuando veo que viene uno me espero y dejo que pase para no estar los dos al mismo tiempo en el puente”, aseguró.

Don Fernando está casado con doña Nidia Matarrita, tiene cuatro hijos y cuatro nietos, a quienes chinea mucho porque sabe que estuvo a segundo de no poder conocerlos.

“Al ver las fotos de lo que pasó y todo lo que él cuenta que tuvo que hacer y que saliera prácticamente ileso, uno solo piensa que es un milagro de Dios”, dijo doña Nidia.