El Novelón

Mamá despidió el día de su cumpleaños a hijo arrastrado por cabeza de agua

Mamá evita ver noticias para no enterarse de tragedias ocurridas por las fuertes lluvias

El día de cumpleaños para doña Ramona García Centeno dejó de ser motivo de alegría desde hace tres años.

Ella cumple el 10 de febrero y fue justamente esa fecha en el 2018 que sepultó a su hijo Carlos Manuel Ruiz García, quien murió arrastrado por una cabeza de agua en Guararí de Heredia el domingo 30 de julio del 2017.

Esta madre cuenta que ahora ese día lo ve como el aniversario en el que despidió a su hijo.

Doña Ramona es mamá de seis hijos y asegura que perder uno de ellos es el peor dolor que ha tenido que enfrentar hasta el momento.

“Mi hija mayor trata de celebrarme el cumpleaños días después porque sabe que ese día ya no lo es mismo, ya no siento la ilusión de festejar, tampoco celebro Navidad, Año Nuevo, ni el Día de la Madre, todos perdieron el sentido, en algunas ocasiones organizan una comidita y yo los acompaño, pero no es con la alegría de cuando mi familia estaba completa”, aseguró con pesar.

Carlos tenía 12 años cuando se convirtió en víctima de la furia de la naturaleza, durante un fuerte aguacero.

Carlos Manuel desapareció cuando jugaba bola con unos vecinos, esta se les fue a la quebrada que pasa a un lado de la plaza que está al frente de su casa y del salón comunal, donde ese día le celebraban a doña Ramona un té de canastilla sorpresa, ya que estaba embarazada; el niño fue por el balón, pero la fuerte corriente se lo llevó.

Durante una semana, los vecinos y la Cruz Roja buscaron al niño sin éxito y la Benemérita cerró la búsqueda.

Doña Ramona tenía ocho meses de embarazo y asegura que deseaba salir a buscar a su hijo junto con los vecinos, quienes continuaron con los rastreos, ellos encontraron la bola y una pantaloneta negra que andaba el Carlos Manuel el día que desapareció.

La pequeña Rosa Emilia Valverde nació el 21 de agosto del 2017 y las emociones confundían más a esta madre.

“Sentí el dolor de perderlo y la alegría de una nueva vida en mi hogar por mi hija menor que venía en camino, eran momentos de confusión, solo Dios me daba las fuerzas para soportar todo lo que en esos días afronté.

“Pero mi bebé tuvo que recibir conmigo todo el dolor, porque ni tiempo tuve para abrir los regalos de ella con ilusión”, comentó la mamá.

Doña Ramona asegura que Carlitos, como le llamaba de cariño, era uno de los más emocionados por tener una bebé en el hogar.

“Fue uno de los que pedía para que fuera una niña, ella costó que se viera en el ultrasonido, al final se cumplió el deseo de él, pero no la pudo conocer”, expresó.

Carlitos cursaba el sétimo año en el Liceo de Heredia, tenía buenas calificaciones y soñaba convertirse en arquitecto para ayudar a su familia a construir un mejor futuro.

Dos meses después de la desaparición, los lugareños le avisaron al OIJ sobre el hallazgo de algunos restos río abajo, luego a ella la llamaron para someterla a exámenes para ver si se trataba de su Carlos Manuel y a pesar del dolor a esta madre le surgió la ilusión de poder despedir a su hijo.

“No recuerdo la fecha exacta, solo sé que estuvo más tiempo en la morgue que en el río, porque los médicos forenses tuvieron que hacer muchas pruebas para confirmar que era mi chiquito”, explicó.

El cuerpo no apareció completo, pero para doña Ramona era suficiente para darle una despedida.

“Lo fui a enterrar a San Sebastián de Yalí de Jinotega de Nicaragua, donde él nació, lo sepulté el 10 de febrero del 2018, el día de mi cumpleaños, él quedó junto a las tumbas de mi mamá, mi abuelita y una de mis hermana”, expresó.

Desde ese momento esta mamá dejó de ver noticias porque le duele ver que otras familias sigan sufriendo por seres queridos arrastrados durante la época lluviosa.

“Lo que hago es no ver los noticieros, por lo menos mi hijo ya está paz, está descansando, pero muchas madres y sus familias quedan con la incertidumbre de no saber sobre sus paraderos, porque sé lo que es ese dolor, durante dos meses lo lloré porque pensaba en dónde estaría, ya ahora sé que descansa en el pueblo que lo vio a nacer”, señaló.

Doña Ramona confiesa que la tristeza nunca pasa, pero se aprende a seguir porque tiene otros hijos que dependen de ella.

“Me tocó acostumbrarme a vivir con el dolor, una tortura que se lleva en el corazón, pero tengo que vivir la vida y seguir adelante en medio de la angustia”, afirma.

Esta madre a veces piensa en qué sería de su hijo, comenta que en año estaría obteniendo el bachillerato, porque era muy aplicado, con sueños de salir adelante. Sin embargo, afirma que no puede vivir de sus sueños sino del presente.

“Todos sabemos el momento que estamos viviendo ahora, pero no el mañana, por eso hay que vivir el momento, aceptar lo que pasa porque cuando las cosas suceden uno no puede evitarlo, también hay que cuidarnos, aunque lo de mi hijo no fue un descuido, uno no se espera ese momento tan feo y golpe tan duro, pero son situaciones de las que no hay que reprochar, sino aceptar”.

El dolor la dejó ciega de un ojo

Ella encontró consuelo siendo más espiritual y desahogándose con sus allegados.

“A mí solo Dios me ayudó, también el hablar de la angustia me sirvió para quitarme ese peso, uno no puede encerrarse con el dolor, sino conversar, afrontar y aceptar”, declaró.

Aunque el cuerpo le pasó factura por todo lo que soportó, pues para esos días también le encarcelaron un hijo en Nicaragua, por un robo, entonces para esta mujer era perder dos hijos.

“Se me reventaron los vasitos sanguíneos del ojo derecho, no puedo ver, me dijeron que fue consecuencia de la depresión que afronté, me tuvieron que operar rápido porque el derecho también lo podía perder”, asegura.

Doña Ramona guarda los diplomas de la escuela y las fotos de su hijo como único recuerdo de él.

“Tenía que desprenderme y dejarlo ir, solo guardé eso y lo mantengo con mucho cariño, porque es lo único que me queda de él; el 2017 fue un año que me marcó y dejó mucho dolor”, señala.

Alem Josué Taleno García, de 10 años, hermano de Carlitos lleva en su mente los juegos que hacían.

“Recuerdo cuando jugábamos bola en la plaza, tengo en mi mente cuando lo veo riendo conmigo”, comentó el niño.

Doña Ramona no deja que sus hijos pequeños jueguen cerca del río y si ve a un chiquito cerca le pide que se aleje del agua y reza para que no vuelva a suceder otra desgracia.

“Hace unos días la bola se les volvió a ir al río mientras los niños jugaban, mi hijo Alem se acercó para juntarla y fue un hermano que lo hizo jalado justo cuando pasaba una cabeza de agua y ni siquiera estaba lloviendo.

“A los niños les digo que dejen esa bola o lo que se les vaya en el río porque uno ni sabe si puede pasar una fuerte corriente y repetir la desgracia”, dijo.

Esta madre concluyó diciéndoles a las personas que han perdido un ser querido por causas similares que se refugien en Dios para asimilar el trauma.

“El único consuelo que a uno le quedan son los recuerdos de lo compartido con ellos, tenemos que despedirlos y dejarlos ir, no es la forma en la que quisiéramos verlos por última vez, pero siempre vivirán en nuestra mente y corazón”, dijo.

Ella le pide a las personas no estar cerca de los ríos o lugares propensos a desgracias.

Alejandra Portuguez Morales

Alejandra Portuguez Morales

Bachillerato en Periodismo en la Universidad Internacional de las Américas y licenciada en Comunicación de Mercadeo en la UAM. Con experiencia en temas de sucesos y judiciales.