El Novelón

Mató a dos ancianas, iba por la tercera y casi engaña al OIJ

El sujeto retó al OIJ y las autoridades evitaron un tercer asesinato de una adulta mayor en Tárcoles

“Jaime” es un hombre que en el 2011 trató de jugarle de vivo al Organismo de Investigación Judicial (OIJ) de Orotina, pero el tiro le salió por la culata y quedó al descubierto como un ser despiadado que asesinó a dos ancianas y tenía todo listo para matar a otra.

Los apellidos de este sujeto son Gamboa García, tiene ahora 63 años, es nicaragüense y --en apariencia-- llegó a suelo tico cuando contaba apenas 9 años.

Acostumbraba cambiarse de identidad y, además de “Jaime”, se hacía llamar “Gustavo Palacios Carrillo”. Un día sus maldades acabaron y fue detenido, llevado a juicio y condenado.

Los jueces del Tribunal Penal de Alajuela lo encontraron responsable de los crímenes de la salvadoreña Sofía Huerta Orellana, de 69 años y quien fue hallada sin vida el 25 de mayo del 2011 en una plantación de mangos del barrio Jesús, en Orotina; también de la muerte de Margarita Vásquez Vásquez, de 74 años, cuyo cuerpo fue hallado el 20 de noviembre del 2011 en Mollejones, en Coyolar de Orotina.

Los investigadores de estos asesinatos bautizaron el caso como “Jaime”, ya que este fue el nombre que el delincuente dio cuando se les presentó a los agentes.

Pero adentrémonos en los detalles para conocer la historia.

En el ámbito policial siempre hay informantes, ya sea personas de bien o delincuentes que conocen datos sobre hechos delictivos y se los hacen llegar a las autoridades. “Jaime” era uno de ellos. A menudo les pasaba datos a la Policía mientras seguía una vida aparentemente normal como vendedor.

Un mes después del primer ataque

“Jaime” mantenía comunicación constante con un agente judicial de Liberia, Guanacaste, y un día de junio del 2011, un mes después del homicidio de doña Sofía, lo llamó para decirle que tenía información del crimen.

Pero como el caso no lo llevaban en Liberia, el investigador le avisó al OIJ de Orotina.

Un policía judicial de apellidos Gómez Cascante y su jefe, de apellido Villalobos, se interesaron en la información.

Cuando quisieron hablar con “Jaime” se dieron cuenta de que este no quería ser identificado, pero ellos deseban conocer cuánto sabía del hecho ya que el OIJ tenía como toda información que la señora apareció sin vida y amarrada con su propia ropa interior entre unos árboles.

Se contaba con ADN del agresor porque había cometido abuso contra la señora, pero se desconocía de quién era. Y para aquel momento no tenían aún la identidad de la víctima porque le habían robado las pertenencias y había sido golpeada en la cara con mucha violencia.

Fue necesario hacer un retrato y pedirles ayuda a los medios de comunicación para que lo publicaran y ver si alguien la reconocía.

Conforme avanzaron las indagaciones, los agentes supieron que se trataba de una salvadoreña que vivía sola en Atenas desde hacía 10 años.

Por medio de cámaras se dieron cuenta de que aquel 25 de mayo del 2011 viajó en bus hasta Puntarenas, estuvo en una sucursal del Banco de Costa Rica y sacó plata para renovar su estatus migratorio, luego fue a una soda y más tarde agarró un bus para devolverse a Orotina a las 4 p.m. Se suponía que después tomaría otro autobús que la llevaría hasta Atenas, pero no llegó a tiempo para agarrarlo.

Según el investigador Gómez, la señora caminó hacia la ruta 27 para llegar a una parada de bus y abordar alguno que la llevara a Atenas, donde vivía. Pero en el trayecto se cruzó con el asesino y nadie se dio cuenta del ataque hasta que apareció sin vida.

Cuando habló con los agentes de Orotina (siempre por teléfono, no quería hacerlo en persona), “Jaime” les dijo que mientras estaba en un bar de San Juan de Dios de Desamparados, oyó a dos hombres hablar de la agresión contra la salvadoreña.

“El informante no quería involucrarse en el caso, pero logramos convencerlo para que por lo menos nos dijera cuál fue el bar donde se dio la conversación, tratamos de seguir un hilo de investigación para dar con la identidad de esos sujetos que él nos decía. Incluso nos dio unos los alias de estas personas, les dimos seguimiento a esos apodos, pero no lográbamos aterrizar (dar) con esas personas”, recordó el investigador.

Y “Jaime” seguía ofreciendo “información” y en una de tantas, sin que viniera a cuento, salió con que él nunca había estado en Orotina.

Trascurrieron al menos dos meses y la preocupación de los agentes crecía porque no avanzaban. Ya era setiembre y necesitaban dar con el responsable del ataque.

Un día, mientras estaban ocupados atando cabos, “Jaime” llegó a la delegación del OIJ en Orotina junto con un hombre al que identificó como su hijo.

El agente con el que hablamos recuerda lo que sintió: “Me pareció extraño porque anteriormente nos dijo que no conocía Orotina y además se notaba nervioso. Le volví a preguntar: mirá, ¿qué haces aquí?, me habías dicho que no conocías’ y me dijo: ‘no, no conocía, es la primera vez’ y seguimos conversando, pero esa situación nos dio desconfianza y decidimos hacerle un rastreo telefónico con radiobases”.

Y entonces descubieron, por las señales del celular, que sí había estado en Orotina.

“A partir de ese momento nos generó duda lo que nos venía diciendo. Sobre todo porque en el mismo rastreo vimos una activación en la zona de su celular el día del primer ataque. Esto nos dio una luz, la intención de él no era dar información, sino desviar la atención. Sentí que lo que quería era retar a la Policía a manera de una película y en sus adentros regocijarse por haber cometido un delito y que la Policía no tenía idea de quién lo cometió”, dice el agente.

En el OIJ determinaron que la noche del 24 de mayo del 2011, “Jaime” estuvo en la zona y lograron hacer un mapa de sus movimientos: había salido de los barrios del sur de San José, viajó por la pista General Cañas, pasó por Desmonte, en Alajuela, y su celular activó dos radiobases, una en Orotina y San Juan de Mata.

Ya a esas alturas “Jaime” era el sospechoso principal, pero no tenían las pruebas necesarias para vincularlo o detenerlo. Debían confirmar si su ADN coincidía con el del asesino y obtener más pruebas.

Segundo ataque

A las autoridades les faltaba poco para terminar de vincular a “Jaime” con el asesinato de doña Sofía cuando el 20 de noviembre les tocó atender el homicidio de Margarita Vásquez Vásquez.

Cuando comenzaron a investigar volvió a aparecer “Jaime” en escena. Supieron que se había ganado la confianza de la señora al venderle discos y en una ocasión hasta le pidió posada y ella lo dejó dormir en una hamaca que tenía en el corredor de la casa.

Los investigadores lograron darse cuenta de que doña Margarita le había contado a “Jaime” que ella vendía cobijas hechas con sobrantes de tela y el hombre le encargó dos. Ese fue el timo que usó para regresar a la casa de ella.

Cuando la encontraron sin vida estaba amordazada con cinta adhesiva y se veía que había sido muy golpeada.

“Una testigo muy valiente nos describió cómo la noche anterior al homicidio un sujeto había estado en la vivienda, hicimos una entrevista minuciosa, incluso un retrato y reconocimientos fotográficos y nos llevaron al informante”, detalla el agente.

En diciembre de aquel año, el OIJ pidió autorización para intervenir el teléfono del sospechoso para determinar en qué andaba y con quién se relacionaba.

En un momento la Policía Judicial debió frenar las intervenciones telefónicas y actuar...

“Estaba planeando un tercer homicidio contra otra adulta mayor en la zona de Tárcoles, nunca supimos la identidad de ella, pero en las comunicaciones hablaba con compinches de su banda dedicados a robar, les decía que ya tenía los mecatitos listos y marcada a la mujer”, recordó el agente.

Entonces el OIJ puso manos a la obra.

“Jaime” fue detenido mediante un allanamiento en Alajuelita en enero del 2012. Cuando se le hicieron los exámenes de ADN se vio que coincidía con el que habían encontrado en la primera víctima y una certeza del 99% de que era el responsable de su muerte.

Además, le tomaron huellas y las mandaron a Nicaragua, donde había nacido, para conocer su identidad real.

El 30 de setiembre del 2013 fue condenado a 40 años de cárcel por robo, violación y homicidio en el caso de de doña Sofía y a otros 30 años por el asesinato de doña Margarita. La pena quedó al final en 50 años, el máximo que permiten las leyes ticas.

“Jaime” no fue catalogado como un asesino en serie ya que para que esto ocurra al criminal se le deben atribuir como mínimo tres muertes; pero el investigador Gómez cree que ya había matado antes.

“No fue la primera ni la segunda vez, ya él tenía un delirio que le causaba placer con los homicidios, esta es una apreciación personal”, explica.

Las investigaciones dejaron ver que “Jaime” se ganaba la confianza de las adultas mayores al verse él mismo como una persona entrada en años.

Alejandra Portuguez Morales

Alejandra Portuguez Morales

Bachillerato en Periodismo en la Universidad Internacional de las Américas y licenciada en Comunicación de Mercadeo en la UAM. Con experiencia en temas de sucesos y judiciales.