AFP .6 febrero
A Popeye no le preocupaba decir que había matado a muchas personas. Rajaba con ello. AFP
A Popeye no le preocupaba decir que había matado a muchas personas. Rajaba con ello. AFP

La vida y “obras” de John Jairo Velásquez Vásquez, alias Popeye, en el mundo del narco, se convirtió en un imán para las producciones televisivas basadas en este mundo, especialmente por afirmar que había estado vinculado a la muerte de 3.000 personas.

Aunque no se ha usado su nombre de pila en al menos dos de estas grandes producciones, sí se han dado pistas suficientes para saber que se trataba de él.

Popeye murió este jueves a los 57 años, debido a un cáncer de esófago. Falleció custodiado por agentes carcelarios en el Instituto Nacional Cancerológico en Bogotá.

Su recuerdo quedará plasmado en muchas series de televisión. En “Pablo Escobar: el patrón del mal”, de 2012, a su personaje se le conocía como Marino y era interpretado por el actor Carlos Mariño.

En “Narcos” presuntamente Popeye es Velasco y lo interpreta Alejandro Buitrago. El actor se rapó y aparece en escenas importantes de algunos asesinatos ordenados por Escobar.

La controversia ha sido fuerte en este último caso, pues en la producción muere, mientras que en la vida real vivió varios años más.

Además, el sicario del extinto Pablo Escobar creó un personaje que vendió libros, se hizo youtuber e inspiró a Netflix a realizar una serie sobre su vida, pero, sobre todo, sembró mucho dolor en Colombia, durante la época más oscura del narcotráfico en ese país.

57 años tenía el colombiano.

Sin pestañear, el personaje que creó Netflix, basado en su autobiografía “Sobreviviendo a Pablo Escobar”, mató de dos tiros a un hombre maniatado en el suelo antes de subir a un avión cargado de cocaína.

Ficción y realidad se mezclaron en la vida de uno de los últimos sicarios que sobrevivió a la muerte del gran capo colombiano de las drogas, abatido por la policía en diciembre de 1993.

“Fue bonito verme interpretado, porque aborda el personaje con mucho respeto”, dijo Velásquez, en una entrevista.

Sus historias con el narco Pablo Escobar paraban el pelo. AP
Sus historias con el narco Pablo Escobar paraban el pelo. AP

A Juan Pablo Urrego le tocó darle vida a popeye en la serie “Sobreviviendo a Escobar: el JJ”, la cual consta de 60 episodios.

El actor y Velásquez se reunieron previo a las grabaciones para darle más solidez al personaje.

“Tuve la oportunidad de hablar con este personaje que estoy interpretando para que me contara cosas, para que me hablara. Nos reunimos, conversamos y él me habló de su vida, de las cosas que le fueron sucediendo y cómo fue su paso por la cárcel”, explicó el actor, en 2017.

De cuidado.

Labioso, exagerado y criminal confeso, Popeye decía sentirse fascinado por el “olor a sangre”.

El mundo del crimen lo dio a conocer como Popeye, debido a un sobresaliente mentón que luego se operó, y él se transformó en una suerte de publicista del mal, el hombre que mataba y narraba a sangre fría los crímenes de su patrón.

En una entrevista con la AFP en 2015, Velásquez se jactó de haber asesinado con sus propias manos a "por lo menos 250 personas, quizás 300".

Entonces, con un ramo de flores en las manos y de rodillas frente a la tumba de Escobar, se presentó como un criminal arrepentido.

Según contó en sus memorias, hizo cursos en la Marina y la Policía antes de convertirse en uno de los hombres más cercanos a Escobar.

En 1992, con 30 años, abandonó al capo para someterse a la justicia. Pasó 23 años en prisión. Entre sus confesiones está la de haber suministrado el arma con la que mataron al candidato liberal colombiano Luis Carlos Galán en 1989.

También dijo haber disparado contra el procurador Carlos Hoyos, asesinado en 1988, y participado en el secuestro del político conservador Andrés Pastrana, quien a la postre fue elegido presidente (1998-2002).

En la cárcel, Popeye ofreció explosivos testimonios que lo mostraban como el jefe de sicarios de Escobar.

Se hizo youtuber -con más de un millón de suscriptores en su canal-, militó activamente contra el acuerdo de paz con la ya disuelta guerrilla de las FARC y encaró con furia a líderes de izquierda, a los que llegó a amenazar públicamente.

En 2017 fue descubierto en la fiesta de un mafioso pedido en extradición por Estados Unidos y al año siguiente regresó a prisión acusado de “extorsión y concierto para delinquir”. La muerte lo encontró alejado de los reflectores.