Farándula

Ramos de apoyo: "Vivimos juntos pero no revueltos desde hace 18 años"

Rafael Ramos, sicólogo

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"Mi pareja y yo vivimos juntos, pero no revueltos desde hace 18 años. Ella en su casa y yo en la mía. Estoy cansado de esta situación pues se volvió una rutina asfixiante. Ella me visita solo dos días por quincena".

1. Creo que es un error, su percepción de la realidad. Usted dice mi pareja y yo vivimos juntos, pero no revueltos y eso no es cierto, porque ustedes no viven juntos y tienen una relación en la que se ven solo dos días de cada 15, lo cual está lejos de considerarse una convivencia y menos un proyecto de vida.

2. Es momento de ser realistas. Usted quiere una relación con características de convivencia más amplios, pero si a lo largo de 18 años se ha mantenido de esta forma es evidente que la posición de ella es sostener y mantener este estilo de relación. La pregunta clave aquí es: ¿si tiene claridad de lo que no quiere por qué acepta algo que no concuerda con sus deseos?

3. El primer paso es poner el tema sobre la mesa. Después de 18 años uno tiene los datos necesarios para definir si la relación vale la pena o no y si hay posibilidades reales de establecer un buen proceso de diálogo que les permita avanzar y romper la monotonía que usted describe.

4. Si hay una resistencia real para modificar el patrón y buscar una justa negociación que les permita tener una relación diferente y ajustada a las nuevas necesidades emocionales, pero usted percibe que ella no quiere otra cosa, usted debería analizar si es viable seguir o no.

5. Usted dice no sentirse bien, pero ha sostenido y propiciado una relación así durante tantos años, sabiendo que hay una clara insatisfacción. Le recomiendo empezar una terapia que le permita entender el porqué usted ama fuera de su realidad.

6. Creo que lo que su deseo de modificar la relación hacia un proyecto de convivencia en el que se incremente la presencia y la constancia, no está mal. De hecho, es lo propio de una relación en la medida que pasa el tiempo, ya que los niveles de intimidad deben crecer y fortalecerse. Debe preguntarse si efectivamente desea un proyecto de convivencia. Ahora, si una persona lo quiere y la otra no entonces van por caminos muy diferentes y deberá evaluar la situación.

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