Karen Fernández.11 mayo

En San Antonio de Desamparados, 300 metros al este del cementerio, se luce una señorona de 170 años que gracias a una inversión millonaria quedó como chiquilla de 15.

Bueno, y sí que lo merecía.

Así luce la casa Delgado Carvajal después de una restauración completa. Foto: Cortesía
Así luce la casa Delgado Carvajal después de una restauración completa. Foto: Cortesía

La viejita de la que hablamos es una linda casona de 1851 que desde el 2014, cuando la compraron sus actuales dueños --los Koo Li-- se encontraba en abandono. Gracias a la lucha dada ante los Tribunales de Justicia por la Municipalidad de Desamparados fue posible rescatarla.

Así nos contó el alcalde desamparadeño Gilberth Jiménez, quien se siento orgulloso de haber salido adelante en esta lucha que le permitirá al cantón josefino conservar una partecita de su historia.

“Fue un proceso largo y de concientización. Cuando los nuevos propietarios la compraron no les dijeron que era patrimonio y cuando se empezó a deteriorar, la municipalidad comenzó a hacer las gestiones para buscar restaurarla”, explicó Jiménez.

La casona de adobe y bahareque fue por muchísimos años propiedad de la familia Delgado Carvajal, muy popular y querida en la comunidad por su buen corazón.

“La gente de la época acostumbraba acercarse a verla, siempre llamó la atención su bella arquitectura criolla y fue la primera escuela de San Antonio, muchos desamparadeños de siglos pasados tuvieron allí sus primeros estudios y eso le da mayor relevancia”, agregó el alcalde.

Los ventanales se reconstruyeron por completo debido a actos vandálicos. Foto: Cortesía
Los ventanales se reconstruyeron por completo debido a actos vandálicos. Foto: Cortesía
Frutas

La familia Delgado Carvajal tenía árboles frutales en la propiedad y era común que los chiquillos pasaban salieran con un banano, un buen mango o una naranja. La cosa es que nadie se iba con las manos vacías.

“Don José Luis Delgado Carvajal, conocido como Vicho, fue el propietario muchos años. Era una persona muy conocida, él y su familia, gente muy importante para esta comunidad. Creo que todos los sanantoneños vinimos aquí a comprarle a doña Tina chayotes, plátanos y ¡qué sé yo qué más! Entonces, siempre ha estado en el corazoncito como parte del pueblo de San Antonio”, explicó Rafael Flores, coordinador de Cultura y Turismo de la Municipalidad de Desamparados.

Antes de pertenecer a los Koo Li, la casa y la propiedad fueron de Hannia Díaz Jiménez, quien la mantuvo bien cuidada hasta donde pudo, pero luego de su venta (en 2014) se fue deteriorando.

En setiembre del 2020, ya con la intervención de la muni, empezó la restauración de esta belleza con techo de tejas y corredor, como era antes las casas de los abuelos.

Sus propietarios alquilarán el inmueble como local comercial, para lo que construyen una cocina y batería de baños por separado. Foto: Cortesía
Sus propietarios alquilarán el inmueble como local comercial, para lo que construyen una cocina y batería de baños por separado. Foto: Cortesía

“Siempre hubo intención de poner este proyecto en marcha y que la casa recobrara su color y su vida, por dicha se pudo llegar al acuerdo entre todas las partes involucradas para iniciar las obras. La restauración fue un proceso relativamente rápido y se inyectaron los recursos para que avanzara como tenía que ser”, afirmó Kasen Lam, vocero de la familia propietaria.

Las obras corrieron por cuenta de los dueños actuales, quienes antes pidieron la asesoría del Centro de Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural.

Ante la particularidad de meterle mano a una centenaria casona de adobe y bahareque, el Centro de Patrimonio buscó, a su vez, el apoyo de la Universidad de Costa Rica que se concretó mediante la tesis de licenciatura en Ingeniería Civil de Ariel Solís.

La arquitecta contratada por la familia Koo Li fue Sarita Marín, quien dijo que hubo mucho qué hacerle a la anciana casa debido al vandalismo que había experimentado.

Restauraron ventanas, puertas, cerchas, vigas, cielos, paredes y pisos de madera. E hicieron lo mismo con paredes a punto de colapsar. “Tal vez un cincuenta por ciento de la casa fue totalmente restaurada”, calculó Marin.

“Hacer el adobe, con la tierra, la boñiga, paja y agua para dejar secar los bloques un mes y poder colocarlos. En las paredes de bahareque, tuvimos que poner la caña brava y también barro con boñiga para hacer la restauración. Sin duda trabajar con esos materiales fue el mayor reto que nos llevó tres años, entre investigación y puesta en práctica”, afirmó la arquitecta.

Las obras también incluyeron reparación del techo y su estructura, instalación de un nuevo sistema eléctrico, repello y pintura, sustitución de columnas exteriores de madera, reconstrucción y restauración de pisos (que son lindísimos) además de obras complementarias como la restauración de la baranda de madera de la fachada.

En alquiler

Una buena noticia es que la emblemática casona estará abierta al público como local comercial, como una cafetería o restaurante, según explicó el vocero de la familia dueña.

“Queremos darles la bienvenida a todos los de la comunidad para que puedan venir a disfrutar y a apreciar esta obra arquitectónica criolla tan importante”, destacó Lan.

¿Imaginan lo que puede ser tomarse un yodito chorreado en una casona como esas? Eso debe de saber a gloria.

Los muros de abobe fueron reforzados con un entramado de madera de una por dos pulgadas, instalada a ambos lados de cada pared. Foto: Cortesía
Los muros de abobe fueron reforzados con un entramado de madera de una por dos pulgadas, instalada a ambos lados de cada pared. Foto: Cortesía