Karen Fernández.23 junio

La presencia de residuos del Covid-19 en las aguas residuales de Pavas y seis casos cuya forma de contagio de desconoce son las principales señales de que en ese distrito josefino puede existir el contagio comunitario.

Por eso este martes el ministro de Salud, Daniel Salas, anunció que lo ponían en alerta naranja.

Pavas está en alerta naranja por aumento de casos de COVID.19. Foto Jeffrey Zamora
Pavas está en alerta naranja por aumento de casos de COVID.19. Foto Jeffrey Zamora

¿Qué sienten los paveños al vivir en estos momentos en esa parte de San José?

La Teja conversó con algunos y entre los principales sentimientos están el temor, la preocupación y la indignación.

Natalia Porras afirma que no le sorprendió el anuncio porque están en un lugar con una alta inmigración. Piensa que se debió hacer lo que hicieron en La Carpio cuando se dio el primer brote: aislarlos fuera de sus casas en un albergue para evitar un contagio mayor.

“Acá hay muchos precarios y con los focos de infección era fácil la propagación. Y ni Salud ni Migración se vieron visitándolos para ver si había casos, por eso no me sorprendo. Además, los ticos se sienten inmortales, nadie usa la mascarilla mientras anda en la calle”, dijo.

Ella cree que también afecta la falta de cultura preventiva del tico y que siempre les echa la culpa a los demás y no asume su responsabilidad.

Desde el principio de esta pandemia, Porras sospechó que el brote sería fuerte y ha aprendido a ver los “espejos” de otros países.

“Con la gran cantidad de casos que hay tanto en Panamá como en Nicaragua nuestro país es un punto rojo. Debería ir tomando medidas más radicales, como las implementadas en Semana Santa”, comentó la maquillista.

“Este es un virus tan extraño que muchos asintomáticos pueden estar contagiando sin saberlo. Es un enemigo que no podemos ver”, Natalia Porras, vecina de Pavas.

Otro que nos dio su opinión fue Gustavo Ortiz, quien dice que su principal miedo es que sus padres se contagien porque son personas con factores de riesgo.

“Mi mamá es diabética y mi papá hipertenso y si se contagian podrían tener complicaciones. Además, el transporte público es un peligro, viaja un montón de personas y ni los choferes usan mascarilla”, dijo.

Para Bryan Castillo el sentimiento es de temor, vergüenza e indignación.

“Temor porque cualquier persona nos podría contagiar. Indignación porque pese a que nos hemos estado cuidando, unos cuantos que hacen desmadre nos están exponiendo a todos y vergüenza ajena por quedar expuestos como unos descuidados”, comentó Castillo.

A Jeimy García le asusta que lleguen a aumentar tanto los casos que se establezca un toque de queda para todos. Ella pide multas para la gente que no obedece.

“Cuando he llamado a denunciar las fiestas y actividades al número que habilitaron para ello, la policía no llega, entonces, ¿de qué sirve denunciar?”, se preguntó.

Muchos trabajadores de fábricas instaladas en Pavas se sienten perjudicados porque ya les avisaron que les reacomodarán los horarios a menos horas y, claro, el sueldo bajará.