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Recicladora: “Empecé porque vivíamos en pobreza extrema, pero me terminó gustando”

Seidy Franco empezó a trabajar como recicladora desde los 10 años y así lleva el sustento diario a su casa

El Día Mundial del Reciclaje se celebra este 17 de mayo y por eso les traemos el testimonio de dos luchadoras mujeres que han dedicado gran parte de su vida a reciclar para llevar el sustento a sus casas.

Una de ellas es Seidy Franco Ruiz, una liberiana de 37 años, que de lunes a sábado, desde las seis de la mañana y a veces hasta las siete de la noche, sale a buscar los cinquitos para sacar adelante a cuatro de sus cinco hijos, y eso lo hace con lo que encuentra entre los desechos de los demás.

Desde los diez años aprendió ese oficio porque una vecina suya, que se dedicaba a eso, le dijo a su mamá, Lucila Ruiz, que si la dejaba llevársela con ella al botadero de Liberia a buscar juguetes entre las montañas de basura.

“Yo iba con esa idea, pero conforme pasaban los días ella me enseñó el trabajo que hacía, lo que sacaba de la basura para poder venderlo. Me dijo que si quería yo podía recoger aparte, que me enseñaba cómo separarlo y así empecé, comencé a ganarme mi platica y pude ayudar en la casa”, dijo la joven abuela.

Su familia era de barrio Martín Augusto de Liberia, donde las familias son de muy escasos recursos y sus habitantes no tienen opciones de trabajo, ni de estudio.

“Es algo en lo que empecé porque vivíamos una pobreza extrema, pero me terminó gustando. Yo nunca he querido dejar este trabajo y ha sido una lucha muy grande porque el basurero de Liberia era muy peligroso y nos exponíamos a muchas enfermedades”, recordó Franco.

Asegura que algo muy cansado de su trabajo es que debe hacerlo bajo el fuerte sol guanacasteco.

“Muchos nos ven en el basurero y nos dicen que qué gente más cochina, metiendo la mano en la basura, pero eso nos ha ayudado a nosotras a salir adelante, a llevar el pan cada día a nuestros hijos y es una lucha que hemos venido dando”, comentó la liberiana.

Empujón

Pero hace seis años cerraron el basurero, entonces con la ayuda de la Asociación Centroamericana para la Economía, la Salud y el Ambiente (ACEPESA) pudieron formalizar la Asociación de Recicladores de Liberia (ARELI) y les donaron unas carretas para poder salir a trabajar por las calles.

ARELI está conformada por 12 miembros, nueve son mujeres. Salen identificados con camisetas para que sepan que son de la asociación y muchos prefieren que sean ellas las que les recojan el material y no la muni, que es su principal competencia.

“Es una lucha muy dura, pero nuestras familias viven de esto. Si lo dejamos, ¿en qué vamos a trabajar? Más en estos tiempos en que no hay trabajo. La plata está en la calle, en la basura. Salgo desde temprano con el almuerzo a cuestas porque comemos donde estemos cuando llega la hora. Vamos a barrios donde ya nos conocen”, explicó Seidy.

Como no cuentan con un espacio propio para hacer la separación de residuos, un abogado les da permiso de usar un solar de su propiedad, entonces bajo la sombra de un gran árbol de Guanacaste separan las botellas plásticas por color, el aluminio, el papel si es de cuaderno deben deshojarlo y echarlo en bolsas, además de los electrodomésticos que deben desarmar.

El cartón y vidrio no lo reciclan porque se necesita mucho para poderlo vender y, como no tienen dónde almacenarlo, no lo recogen.

Ellos ganan por peso del material, el kilo de plástico se los pagan a ¢80, el papel bajó a ¢50 y el aluminio a ¢350. El no tener un lugar para almacenar los obliga a vender todo al final de la jornada y reparten el dinero entre los que trabajaron ese día. En un buen día puede hacer unos ¢15.000 (para cada uno), pero cuando baja puede que hagan unos ¢8.000, que es lo que normalmente se ganan. Un día sí les fue bien mal y solo sacaron ¢1.000 luego de 11 horas pulseándola.

De ahí saca la platica para pagar la comida, los servicios básicos, las medicinas y los gastos de sus hijos, otros de sus compañeros deben hasta sacar lo del alquiler.

“La mayoría no tenemos seguro porque creen que ser reciclador es trabajarle a una empresa y nos lo niegan aunque queremos pagarlo voluntariamente”, contó.

Sus dos hijos mayores, Jéssica y Gerardo, siguieron sus pasos y se dedican a reciclar para vivir.

Los barrios del centro de Liberia son los más buenos para hacer platica y por eso se le adelantan a la muni para poder ganarse los frijolitos.

El mal tiempo es su peor enemigo, pues si el papel se moja, ya no lo compran. Incluso, en ocasiones van a donde los ríos acumulan la basura que arrastran a ver si consiguen algo, pero si el material está muy sucio, tampoco sirve.

Río Claro

Hannia Chavarría es de Río Claro, en Golfito, y hace más de 20 años se dedica a reciclar para vivir, ella es integrante de la Asociación de Reciclaje Fila Manigordo, que trabaja con apoyo de la municipalidad, por lo que sus miembros pueden ir en el camión recolector y luego solo deben hacer la separación del material.

“Nuestras familias dependen de eso, es un trabajo muy duro y muy mal pagado porque lo que vale el precio del material no da para sostener una familia, por eso aunque iniciaron 30 miembros, ahora solo quedamos cinco”, contó Chavarría.

En esta región del país el kilo de material se los pagan en ¢100 el plástico, el de cartón en ¢48, el de vidrio en ¢45 y el aluminio en ¢300 y, aunque se saquen grandes cantidades, no se gana gran cosa, pero con eso Hannia apoya a su pareja en la atención del hogar de cuatro integrantes.

Con el plástico pueden hacer ¢32.000 por quincena para repartir entre cinco y ¢70.000 al mes con el cartón, igual para dividirlo.

Ella trabaja de lunes a viernes a la intemperie, de 6 a.m. a 1:30 p.m., dependiendo del sol o la lluvia.

Karen Fernández

Karen Fernández

Periodista con una licenciatura en Producción de Medios. Forma parte del equipo de Nuestro Tema y tengo experiencia en la cobertura de noticias de espectáculos, religiosos, salud, deportes y nacionales. Trabajo en Grupo Nacion desde el 2011.

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