Adrían Galeano Calvo.3 noviembre, 2019
Para muchos el apartamento siempre estará marcado por la tragedia Foto: Rafael Pacheco
Para muchos el apartamento siempre estará marcado por la tragedia Foto: Rafael Pacheco

Cualquiera pensaría que el apartamento donde cinco universitarios fueron asesinados jamás volvería a ser alquilado; sin embargo, la realidad es otra, pues este lugar ya cuenta con nuevos inquilinos.

Así lo confirmó Francisco Herrera, el abogado de Gerardo Ríos Mairena, quien fue condenado a 216 años de cárcel por la masacre ocurrida el 19 de enero de 2017, en barrio La Victoria de Liberia, Guanacaste.

Ese trágico día perdieron la vida Ingrid Massiel Méndez, Dayana Martínez, Ariel Vargas, los tres de 24 años; Stephanie Hernández, 23 años y Joseph Briones, de 22.

Herrera contó que a la dueña del apartamento, que es tía de Ríos, no le tomó mucho tiempo encontrar nuevos inquilinos, hasta donde él sabe se trataría de una pareja, que aparentemente también son estudiantes universitarios.

“El apartamento se alquiló mucho tiempo después, tres o cuatro meses después (del homicidio múltiple), incluso había gente que lo quería una semana después de lo ocurrido. Es que ahí en Liberia se ocupa mucho apartamento porque de ahí se va a todas las playas”, añadió.

Para muchos ese pequeño apartamento en la ciudad blanca de Guanacaste quedó marcado para siempre por la tragedia, pero el abogado del llamado “Monstruo de Liberia” piensa lo contrario.

Herrera vivió en la casa de la familia de Ríos durante el juicio. Foto: Albert Marín.
Herrera vivió en la casa de la familia de Ríos durante el juicio. Foto: Albert Marín.

Según Herrera ni siquiera los vecinos de ese barrio ven como malos ojos ese lugar, pues para ellos es un simple apartamento, por eso asegura que varias personas estuvieron interesadas en alquilarlo.

Ni pesadillas

El abogado contó que curiosamente el nunca puso un pie en ese apartamento, pues cuando asumió el caso ya estaba alquilado.

Sin embargo, si durmió a una pared de distancia de ese lugar, ya que durante el juicio vivió en la casa de la familia de Ríos Mairena por petición de ellos.

“Yo no tuve pesadillas ni nada durmiendo ahí, yo le tengo más miedo a los vivos que a los muertos, porque cualquier cabrón lo puede matar a uno hasta por un celular”.

El abogado aseguró que él y su cliente aún no han tirado la toalla por el caso, por lo que están quemando los últimos cartuchos para traerse la sentencia abajo.

Herrera basa su versión en que la escena fue contaminada por otras personas que ingresaron al apartamento antes de que la Policía llegara a custodiar la escena.