Sucesos

Cruzrojista volverá a la montaña donde hace 43 años murieron cinco ocupantes de una avioneta

Aeronave TI-AMW se estrelló contra la cara sur del Cerro Zurquí.

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Marcos Pérez tiene una misión para los últimos días de junio: volverá al sitio donde hace 43 años, siendo un joven cruzrojista, atendió un accidente aéreo que dejó cinco muertos en el llamado cerro Pailas (cara sur del cerro Zurquí).

Hará la caminata por la montaña, que podría durar tres o cuatro horas, con su amigo José Campos.

Hace unos días Campos tuvo un “acercamiento” a ese cerro para empezar a calentar.

Experto en búsquedas

—  José Campos también ha buscado varias veces el avión TC-48 de la Fuerza Aérea Argentina que el 3 de noviembre de 1965 cayó a tierra en nuestro país y cobró la vida de 68 cadetes.

Marcos, a quien le encanta el senderismo, nos dijo que cuando ocurrió el accidente en el cerro Pailas, el 8 de abril de 1979, él tenía apenas 19 años y era voluntario de la Cruz Roja de Heredia.

La avioneta TI-AMW salió del aeropuerto Juan Santamaría rumbo a la Barra del Colorado; no era un viaje usual y la tripulación y los pasajeros eran amigos que compartían el gusto por la aviación y la pesca y habían planeado disfrutar unos días juntos en aquella parte del país.

En la avioneta viajaban los pilotos Daniel Vargas Cartín, de 32 años, quien era además uno de los instructores de vuelo más capacitados de Costa Rica (tenía dos hijos); Rolando Cerdas Suazo, con ocho años de experiencia y “chequeador” de la Dirección de Aviación Civil; Cerdas se encargaba de hacerles el examen final a los nuevos pilotos, estaba casado y tenía dos hijos.

Los pasajeros eran Carlos Enrique Riba, quien trabajó durante 15 años en Lacsa, al momento del accidente era el presidente de Canatur (Cámara Nacional de Turismo), estaba casado y tenía tres hijos.

El doctor Rolando Zamora Merino, médico del Hospital México y uno de los mejores cardiólogos del país, también iba en la aeronave, lo mismo que el arquitecto Carlos Francisco Gutiérrez Quintero, un amigo de Riba al que le interesaba mucho la aviación (estaba recién casado).

La nave salió a las 10 de la mañana de Alajuela y ya a las 5 de la tarde todo el mundo la buscaba.

Volaba bajito

Marcos, vecino de Belén, narra así lo que recuerda. “Yo era voluntario en la Cruz Roja de Heredia. Recuerdo que se activó la alerta y el gobierno pidió ayuda (a los cruzrojistas), en aquel entonces existía la unidad de rescate de San José y Heredia y era muy bonito porque había como una competencia sana de ver quién encontraba primero a los pacientes, siempre con la esperanza de que estuvieran vivos o, por lo menos, de poderle dar respuestas a la familia”.

Pobladores de comunidades cercanas al cerro Pailas decían haber oído pasar una avioneta que volaba muy bajito y después un estruendo. Creían que la nave podía estar en Santa Cecilia de Concepción, en San Isidro de Heredia, pero se trataba únicamente de una suposición.

En 1979 no había GPS (localización por satélite) y para peores el tiempo no permitía hacer sobrevuelos, así que a los rescatistas les tocaba pegarse la caminada por la montaña.

Para los trabajos de búsqueda las patrullas se dividieron en dos. Unos buscaron cerca de donde está ahora el túnel Zurquí, que estaba entonces en construcción, pero debieron devolverse porque llegó el momento en el cual se dieron cuenta de estaban perdidos.

También entraron por el antiguo campamento de la ruta 32 levantado por la empresa Monolítica, que empezó la construcción de la carretera y había dejado maquinaria abandonada.

“Recuerdo que bajamos por el río Zurquí, íbamos con la policía y la prensa y un camarógrafo se cayó en una quebrada; ese hombre lo único que hizo fue salvar la cámara, yo le decía ‘suelte esa cámara’ y él me decía ‘no, esta cámara es mi vida’ porque igual que nosotros, quería encontrar la avioneta”, cuenta Pérez, hoy experto banca y finanzas.

Asegura que cuando vieron que iban por donde no era, en una parte de una subida muy empinada y pozas muy hondas, regresaron al campamento. Ya aquel día no podían hacer más que esperar a que amaneciera para reiniciar la búsqueda.

“Como dicen, abortamos la misión y nos dijeron que se podía entrar más rápido por San Isidro; Evelio Venegas, un baquiano, y otros nos ayudaron a subir la montaña. Nos dio la noche, el presidente era (Rodrigo) Carazo y por la crisis energética se habia adelantado una hora, entonces íbamos viendo el reloj y restando una hora; a las 4:30 ya era hora de buscar dónde dormir, fuera bajo un árbol o hasta sentados”, recuerda Pérez.

Cuando los grupos reiniciaron la búsqueda cumplieron con la primera parte del trabajo que les había sido encomendado.

“Seguimos caminando y cuando llegamos la avioneta estaba completamente destrozada, todos fallecieron, recuerdo que era gente muy importante la que iba en ese avión, entre ellos el cardiólogo Zamora, les faltaron doscientos metros para pasar el cerro”.

Esa distancia fue la que selló el destino del grupo. El ruido que oyeron algunas personas era, efectivamente, el del choque de la nave contra la montaña.

65 horas

Según dicen notas del diario La Nación de abril de 1979, las condiciones del tiempo aquellos días eran terribles. Llovía mucho y había mucha nubosidad y aunque los socorristas llevaban una motosierra para despejar terreno y hacer un “helipuerto” improvisado, ni siquiera la encendieron porque no había forma de volar hasta el sitio sin poner en riesgo a los pilotos.

La escena donde quedó la nave era muy dolorosa, cuatro de los ocupantes quedaron prensados dentro y no debían moverlos. La primera noche, los socorristas tuvieron que dormir cerca de los cuerpos y fue hasta el 11 de abril que lograron sacarlos de la montaña, una tarea que les demandó esfuerzos enormes.

La labor para los más de 130 valientes --entre policías, rescatistas y lugareños-- fue de más de 65 horas.

“Otra patrulla entró para sacar los cuerpos, usábamos unas camillas con estructura metálica, tenían tela de army y como un seguro que uno le tocaba para que no se cerraran. Había que echárselas al hombro, nosotros las conocíamos como las camillas de la II Guerra Mundial, no había nada tan moderno como ahora para el rescate de los cuerpos”, cuenta Pérez.

Solo sacar los cadáveres de la montaña requirió una caminata de cinco horas; una vez hecho eso les fueron entregados a los agentes judiciales, que harían su parte antes de que los familiares pudieran darles sepultura.

Según la página web https://aviation-safety.net/ , que recoge información de accidentes aéreos, la causa del de la avioneta fue que las condiciones meteorológicas no permitían ver el terreno.

Hubo testigos que vieron a la aeronave haciendo un sobrevuelo en Coronado, en San José, lo cual la habría llevado al Paso de la Palma a baja altitud.

Don Marcos, quien hoy es profesor universitario, cuenta que por la experiencia tan dura que le tocó vivir con aquel accidente, cuando viajó por primera vez fuera del país --a la isla colombiana de San Andrés-- llevaba, por si las moscas, una brújula, un foco, un silbato y algunas cosas básicas para montaña.

“El accidente de la avioneta me quedó muy marcado en la mente, por eso quiero volver a ese lugar para ver si hay algún resto de la aeronave, algunas cruces o una placa. Hace muchos años éramos los cruzrojistas los que poníamos las cruces o tal vez no hay nada en ese sitio, solo el recuerdo en la mente mía y de muchos otros que estuvieron ahí”, dice Pérez.

Ida al campamento

Marcos y su esposa han subido el Kilimanjaro, en Tanzania, y otras cimas; o sea, tiene una condición física que le permitirá aventurarse en la montaña para tratar de llegar al sitio donde quedó la avioneta.

El 1 de mayo de este año, Campos y Pérez caminaron junto a otras dos personas hasta el Bajo de La Hondura y llegaron al lugar donde se estableció el campamento. Fue un recorrido de 13 kilómetros.

“Esa vez (en 1979) la diferencia era que nos urgía ir y encontrarlos, queríamos dar con ellos vivos, pero el destino no lo permitió. Ahora vamos a recordar”, dijo Pérez.

Ya nada les precisa, pero siempre deberán ir con mucho cuidado porque la montaña así lo exige.

Campos, quien es experto en montaña, asegura que ya tienen mapeado el recorrido hasta el sitio donde cayó la avioneta y que en un solo día de ida y vuelta visitarán la zona. Se trata de entre 3 y 4 kilómetros de caminata que, si todo sale como lo han planeado, los llevará a un reencuentro con una historia que llevó luto y dolor a cinco familias.

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