Sucesos

Huellas en una silla hundieron a hermanos que asesinaron a un señor por una moto

Hermanos cumplieron con pena por matar a un hombre por una moto de ¢450 mil.

Al mejor estilo de las series de televisión como CSI, los investigadores del OIJ lograron mandar a prisión a una pareja de hermanos por asesinar a Evelio Azofeifa Blanco, gracias a las huellas dactilares encontradas en uno de los apartamentos multifamiliares Luis Alberto Monge, en barrio El Carmen en Paso Ancho.

Las huellas de dos dedos de una mano que dejó uno de los asesinos en una silla de un juego comedor, hundieron durante 30 años a los hermanos de apellido Calderón por los delitos de homicidio calificado y robo.

Don Evelio tenía una moto Yamaha DT negra con verde y la quería vender, por lo que decidió poner un anuncio. El señor, de 50 años, tenía la moto como un ajito y la estaba dando en ¢450 mil.

El 13 de diciembre de 1999 empezó a recibir llamadas de los posibles compradores, ya llevaba varios días tratando de cerrar el negocio con alguno, así lo detalla el expediente 99-028290-0042-PE. Una de esas llamadas se la hizo uno de los Calderón, quien quería ver la motico lo más pronto posible.

Otras personas también tenían mucho interés, pero los asesinos se les adelantaron ese día.

Los supuestos clientes llegaron pasado el mediodía del 13 de diciembre hasta los apartamentos Luis Alberto Monge, donde vivía Azofeifa.

Los hermanos lograron ganarse la confianza de don Evelio, quien los dejó entrar a su casa, lo debieron terapiar muy bien porque don Evelio era desconfiado, incluso le había dicho a su hijo que si alguien llegaba a ver la moto la sacara de la vivienda y la enseñara, que no dejara entrar a nadie.

Mario Mora, oficial de la Fuerza Pública ya pensionado, recuerda que ese día él estaba trabajando cuando los mandaron a los apartamentos por el hallazgo de un cuerpo.

“El jefe en aquel momento era Eliécer León, en la vivienda se encontró el cuerpo de un señor como de 50 años, al que aparentemente habían asfixiado, ya luego el OIJ lo confirmó. En la casa había mucho desorden, lo que indicaba que estábamos antes un posible robo, la noticia conmovió mucho a los vecinos el señor porque era una persona que no tenía problemas con nadie; si no me equivoco, él vivía con un hijo y se dedicaba a hacer muebles”, dijo Mora.

Los hermanos Calderón, de 29 y 31 años, lograron entrar a la casa de Azofeifa, cuando sintieron que el hombre les tenía confianza lo atacaron con gran violencia, agarraron cinta y le enrollaron la cabeza, le taparon los ojos y la boca, lo golpearon brutalmente hasta provocarle una lesión en las costillas, después lo asfixiaron en la cama.

Una hora después, el hijo de don Evelio, Jeffry Azofeifa, encontró el cuerpo de su papá.

En cuestión de pocos minutos los hermanos revolcaron la casa en busca de objetos de valor, huyeron con dos cadenas de oro, ¢40 mil que la víctima tenía en la vivienda y la motocicleta.

“Hasta donde recuerdo uno de los hermanos fue quien manejó la moto, pero se quedó sin gasolina, entonces llegó hasta una bodega que estaba en el parque de La Paz y pidió el favor de que se la guardaran mientras iba a pedir ayuda a algún amigo o familiar, la persona que lo ayudó no sospechó nada y accedió a hacerle el favor”, dijo el exoficial Mora, quien es vecino de Paso Ancho.

La moto fue dejada con el jardinero del parque, don Dagoberto Jiménez, 20 minutos después del asesinato, según estableció el OIJ. El homicida quedó de llegar a recogerla con un camión junto a su hermano.

Sin embargo, eso nunca ocurrió, los días empezaron a pasar y don Dagoberto escuchó en las noticias sobre el asesinato de don Evelio y decidió avisar a la policía. Esto ocurrió a primera hora el 15 de diciembre, dos días después del asesinato.

“El señor dio la alerta y el jefe León fue con varios de los oficiales para verificar, la moto estaba intacta, era una moto muy bonita y muy gustada, en aquellos tiempos se las robaban con frecuencia en muchas ocasiones para desmantelarlas”, recordó don Mario.

La moto fue reconocida por Jeffry, quien dijo que no podía creer que mataran a su papá para dejar la moto botada ahí.

“La gente estaba consternada porque al señor le arrebataron su vida para quitarle la moto, se ensañaron mucho contra él, la indignación invadió la comunidad porque se hablaba de que eran dos hombres corpulentos que atacaron a una sola víctima, decían que tanta maldad no era necesaria”, relató Mora.

Hasta ese momento el OIJ buscaba a dos hombres como sospechosos, el motivo ya estaba claro, era el robo, y sobre el hombre que llevaba la moto solo sabían que medía 1,80 metros, era corpulento, tenía el pelo negro, barba y unos 30 años.

Además tenían varias pertenencias que podían ayudar a dar con ellos, como el casco, los guantes de la víctima y la moto que habían recuperado. También la inspección de la casa de la víctima podía darles alguna luz, como algún cabello de los aseinos o una huella.

Salvada para casos. Arsenio Mora Barboza, perito en lofoscopía del Archivo Criminal del OIJ, aseguró que las huellas latentes se llaman así porque son aquellas que no son visibles a simple vista, y son encontradas en superficies, texturas y objetos que recogen los investigadores, como se ve en las series de televisión.

Mora nos explicó que la recolección de huellas se hace usando tintes, químicos y polvos de distintos colores que permiten que la huella se descubra. En la actualidad el OIJ revisa unas 800 huellas al mes y estas permiten solucionar el 30 por ciento de los casos.

Y así ocurrió en el homicidio de don Evelio, pues los investigadores localizaron las huellas de dos de los dedos con 12 características o rayitas iguales a las del hermano mayor de los Calderón. Por lo que eso les permitió capturarlo.

Cuando los investigadores compararon las huellas se dieron cuenta de que ya tenían un sospechoso y que las características dadas del otro hombre ligado al crimen eran la del otro hermano. Ambos fueron detenidos poco después en Goicoechea

“Dos de las huellas levantadas en la casa del ofendido coinciden con doce características papilares con las del justiciable Calderón (hermano menor). Este elemento resulta ser quizás el más importante de los citados, pues al relacionarse con los otros elementos de juicio que se analizan, aún cuando la defensa le reste méritos o valor probatorio, permite corroborar que el día de los hechos este imputado estuvo en la casa del ofendido y fue él uno de los autores del homicidio y robo por los que fue condenado.

“Esta prueba se estima que es esencial en la medida que no existe en el expediente alguna circunstancia o razón que permita justificar la presencia de las huellas en este lugar”, dice el expediente, destacando que las huellas en la silla fueron la cereza en el pastel del violento caso.

Según la investigación de las autoridades judiciales, una vecina, doña Elieth Chavarría, escuchó a don Evelio darle la dirección de su casa a una persona que lo llamó al celular y él le dijo a ella que eran unos posibles compradores y que ya iban para su casa.

Además, el mayor de los hermanos Calderón fue visto manejando la moto cerca del parque de La Paz, los apartamentos donde vivía la víctima quedaban detrás de donde ahora se ubica el Megasúper, cerca de la rotonda de La Guacamaya.

El jardinero que guardó la moto reconoció al menor de los hermanos como la persona que le pidió ayuda para que le guardabar lo moto al quedarse sin gasolina.

En mayo del 2001 el Tribunal Penal de Juicio de San José le recetó 30 años de cárcel a cada uno de los hermanos.

Durante el juicio, el juez Carlos Chinchilla repudió la manera en que actuaron los hermanos al decir que fue dolosa y grosera, además de que don Evelio también fue amarrado de manos y pies.

Los hermanos al quedar la sentencia en firme trataron varias veces de apelarla; sin embargo, la Sala Tercera de la Corte les negó todas las apelaciones.

Marcó al barrio. Doña Marta Meléndez recuerda lo ocurrido porque su mamá vivía en el mismo barrio.

“En aquellos tiempos mamá contaba que todos se asustaron mucho porque a un señor lo habían asesinado para robarle la moto, la gente tuvo mucho miedo, recuerdo que mi mamá se fue unos días para mi casa porque estaba asustada. Fue muy triste porque por un robo una familia quedó incompleta, pero, al menos, hubo justicia por la muerte de ese señor.

“Mi madre decía que a un hijo del señor se le veía una tristeza muy profunda, ella sufría pensando en el dolor de la familia, ya después mi mamá se fue con la hermana y la casa de ella se alquila”, dijo Meléndez.

La Teja intentó ubicar al hijo de don Evelio a los teléfonos que registra y en una dirección en San Isidro de Coronado, pero no fue posible.

En la actualidad los hermanos asesinos se encuentran en libertad tras pagar la condena.

Silvia Coto

Silvia Coto

Periodista de sucesos y judiciales. Bachiller en Ciencias de la Comunicación Colectiva con énfasis en Periodismo. Labora en Grupo Nación desde el 2010.